No somos números

Me considero afortunada porque tengo ya cierta edad y mis opciones laborales, aunque empezaban a flojear, no estaban agotadas del todo cuando empecé a trabajar en 2004.
Como muchos sabéis, trabajé en el privado durante mis cinco primeros años. Más tarde me “empezaron a llamar” de lo público y me la jugué a hacer contratos de sustituciones.
Ayer consultando mi vida laboral conté un total de 47 contratos sólo en el SESCAM. Muchos de ellos acababan el último día de mes y empezaban el primero del siguiente a través de una llamada a última hora del día anterior.
Mes a mes, y ya veremos qué pasa.
Y cuando se acaba, simplemente no vas y fin.
Lo aceptas.
Hoy reflexionando sobre mi historia ocupacional quiero hacer visible esta realidad.
La realidad de muchos sanitarios del sector público o privado que están ahí dando la talla en primera línea a pesar del miedo.
Necesito que la sociedad sepa que el simple hecho de estar les puede suponer incertidumbre, contratos sin fecha, cambios de domicilio, disponiblidad absoluta, dependencia a una llamada y otros quebraderos de cabeza que dependen de cada situación personal.
Y, claro, dando gracias. Que el sistema no está para quejarse encima de que te llaman y más de un hospital.
Parece que ese concepto de humanizar que tanto se oye por los pasillos desde hace unos años no cuenta con quién va a ocupar el puesto en el sistema.
Eso si se contrata. Porque os voy a decir una cosa: muchos de los terapeutas ocupacionales ni se sustituyen, a no ser que sea algo que vaya a durar un tiempo que consideren lo suficientemente largo o que haya alguien que vea imprescindible la contratación y haga algo…
Por eso hay tan poca oferta para acceder a lo público, porque la lista se mueve poquísimo.
¿No somos necesarios?
La creación de nuevas vacantes en el sistema público suena a ciencia ficción desde hace años y, en el privado, el otro día en un grupo hablaban de “contratos” que no merece la pena ni llamarlos así para las nuevas generaciones.

¿Nos hemos olvidado de cuidar a los que cuidan?
¿Hemos deshumanizado las contrataciones?

No somos números, somos personas.

Matrescencia

Hace meses cambié mi adolestreinta por la matrescencia. Y es que dicen que mi cerebro está cambiando y ya nunca será el mismo. Nuncaaaaaa. He montado una despedida para mi antiguo cerebro y le he prometido que lo exprimiré hasta el final, aunque ya se van notando los efectos cuando de repente mi espacio virtual se ha convertido en un universo de “cookies” relacionadas con la maternidad que intentan captar mi atención con cada click.
-Vamos pincha aquí, mira esto y no te olvides de esto.
Lo gracioso es que lo consiguen, así que me he dejado llevar…que suena demasiado bien, y yo no sé la listas que llevo hechas ya…
Que pena que haya tantas cosas que no podamos hacer ahora porque me hubiera comido el mundo como siempre, pero os digo una cosa. Mejor. Porque a mí no me da tiempo a todo, que si yoga, que si andar, que si come sano, que si masajes en zonas que ni conoces, que si ejercicios para tal y cual, que si cursos por zoom, que si tiempo para ti, que si duerme, que si disfruta, que si lee, que si descansa, que si haz cosas que te gusten sola y en pareja…
Pero, ¿esto qué es?…
Y mientras tú a cargo de dos corazones y con el tiempo contando hacia atrás tic-tac. ¡Ah!, y sin poder planificar mucho porque…tu cuerpo no es el que era y te marca el mismo ritmo impredecible que un reloj con la pila medio gastada.
Por supuesto me ha servido de mucho ser Terapeuta Ocupacional para girarme en la cama por la noche unas diez veces, pero oye, de una forma perfecta. Que no se diga.
También confieso que mi nivel de comprensión respecto a la complejidad de la ducha, vestido y secado de pelo en relación a la fatiga ha llegado a un nivel altísimo.
Ahora convalido el gym con ponerme una medias horribles.
Nunca pensé que estuviera más cómoda sentada en una pelota que en una silla.
Ni que tuviera esta pasión oculta por los juguetes de bebés.
También he descubierto que el suelo es algo que no existe y me he comprado una esponja con mango como una señora.
Canto de vez en cuando a pesar de mi nula capacidad y ,mi barriga, que era un territorio prohibido, se ha convertido en el lugar favorito de mis manos.
Todo esto me da risa, como el día que mi panza apareció de golpe o el día que deje de verme los pies.
Por suerte mi intento de desempeño normalizado ha durado bastante…no me puedo quejar. Y os aseguro que a nivel introspectivo y sensorial la matrescencia me está regalando tanto que me cuesta imaginar dejar de estar así. ¿Llegaré a echar de menos esta barriga? Pues ya pienso que sí. Porque a mí todo esto me ha dejado en un estado zen desconocido que sube o baja pero me mantiene en algo parecido a la ¿paz?.
Cuántos cambios en tan poco tiempo, menudos meses. Y que conste que aún sigo riéndome cuando me miro al espejo…
Y se ve que así es como cambia poco a poco la mente. Aunque a mí lo que me cambió desde el minuto cero fue mi corazón que se ha hecho tan grande que se ha tenido que dividir en dos.

Aquí os dejo de nuevo a Terapeuta Imperfecta con la que os digo que estaré algo ausente durante un tiempo.

Gracias a tod@s por confiar en mí para pedirme consejo, por seguirme y hacer de OcupaCreando algo tan real. Gracias por tantos mensajes y palabras bonitas en estos recién cumplidos cuatro años del blog.

Con mis dos corazones, un saludo, como siempre, desde OcupaCreando.

www.ocupacreando.com

Princesas mudas

Con dos ovarios me dí cuenta de que hace años era machista.
Con dos ovarios detecté que determinadas cosas que hacía no eran bien vistas en mi entorno social sólo por ser mujer.
Con dos ovarios descubrí que por temor a las críticas, me había dedicado más a ser lo que querían que fuera que a ser lo que quería ser.
Con dos ovarios tuve miedo.
Con dos ovarios sufrí por callar cosas que tenía que haber dicho el día anterior.
Con dos ovarios me propuse mi propio cambio.
Con dos ovarios colgué mi traje de princesa.
Con dos ovarios aprendí a querer a mi pareja sin olvidarme de mí.
Con dos ovarios saqué a delante mis planes futuros siempre dirigidos a no depender de nadie.
Con dos ovarios fui capaz de demostrarme y entender que somos víctimas y no culpables.
Con dos ovarios conseguí rodearme de una red de personas que analizaban conmigo todas las cosas que hacemos mal y todas las cosas que nos quedan por cambiar.
Con dos ovarios, entendí mi pasado y cómo este ha influido en lo que soy ahora.
Con dos ovarios me informo y leo para poder debatir, pero sólo con quién merece la pena.
Con dos ovarios, voto, cobro mi nómina, tengo lo que necesito sin ayuda de nadie, creo vida, amo, viajo y salgo de fiesta sin dar explicaciones.
Con dos ovarios soy más consciente que nunca de cómo la estructura patriarcal influye en mí, en mis roles y en mis creencias.
Con dos ovarios, he aceptado que esta lucha empezó hace muchos años pero que no ha finalizado en absoluto.
Con dos ovarios tengo presente que, aunque hoy todo se tiña de morado en las redes, muchas personas en sus entornos y grupos de confianza siguen hablando de la banalización de este día.

Con dos ovarios, seguiré reflexionando, tomando conciencia, deconstruyendo, desaprendiendo y luchando hasta el cambio.

Con dos ovarios seré quién yo quiera ser,
sin olvidar nunca a las que, por desgracia, no pudieron serlo.

#8M #feminismo #sororidad #porellas #larevolucióndelasprincesasmudas

 

 

Los ojos que observan

Cada persona ve el mundo de forma diferente. Contemplar una obra de arte, observar un paisaje, dar un paseo o hacer la descripción del interior de una casa con otra persona, pueden hacerte comprender la diferencia que hay en la mente que observa. Cada persona da mayor relevancia a unas cosas u otras dependiendo de cómo entienda el mundo que le rodea.
Por ello, cuando iniciamos una intervención, es importante que se ajuste a lo que es importante para la persona. Para ello, en Terapia Ocupacional, contamos con el trabajo desde los valores de la persona. Sólo lo que uno considera significativo e importante será un logro en su vida ocupacional.
Trabajar desde los valores nos ayuda a conectar con la verdadera esencia del que tenemos enfrente.
Desconozco la procedencia de la imagen pero me encanta.
 

Spin-off

Salimos del año en el que nada salió como esperábamos para meternos en lo que será un spin-off del mismo desastre. Menos mal que nos sigue quedando caminar al sol como regalo del universo, cuando no hace un aire del infierno o Filomena no ataca de nuevo. Porque no me digáis que menudo inicio de año…Habrá personas que han disfrutado mucho de la nieve perenne de las aceras pero yo no puedo afirmar que haya sido una de ellas. Vamos que ni para tirar bolas, ya les dije yo a mis amigas que se fueran ellas que yo pasaba de la nieve. Lo único bueno que saqué fue un mini muñeco que hice con mi madre en el patio y nos sacó alguna que otra risa. Y es que Filomena me dio varios dolores de cabeza. Porque ver caer nieve es bonito, pero si a esto sumamos varias aventuras obligadas durante el temporal, pues se crea una extraña mezcla de emociones que te hacen dudar hasta el infinito y más allá sobre qué hacer o no hacer. En este tiempo he estado en varios lugares, así que se puede decir que no he estado en ninguno. Maleta para arriba y para abajo. Mi casa, casa del pueblo con papá, mamá y cuatro gatos adoptados y hoteles. Buena mezcla para empezar de una forma dinámica un nuevo trabajo. Y con él, nuevos retos y no pequeños, que me ha tocado ser mi propia Terapeuta Ocupacional. Y eso no se ve mucho. La famosa foto de la firma de la plaza no fue el día esperado (caos ven a mí y abrazame fuerte…) así que no pude fotografiarme con el outfit que tenía pensado (aunque mejor porque hizo un día horrible y mi cara parecía la del Joker). Todo el mundo dice que ese instante es una tontería, pero aunque fuera lo más cutre del mundo, no os podéis imaginar hasta qué punto, lo viví con de algo ilusión. Ahora soy valoradora de dependencia, no sé si va con mayúsculas o no porque es la primera vez que lo escribo. Qué raro suena cuando me preguntan y lo digo en voz alta. Como cuando hace años decía Terapeuta Ocupacional y mi lengua no sabía ni qué decía. He abandonado el uniforme blanco y me he enfundado en un abrigo impermeable al que obsesivamente le echo un spray de alcohol. He vuelto a las casas. Las casas me encantaban. Esa oscuridad lúgubre tan característica de algunas de ellas, esos escalones incomprensibles para pasar de una habitación a otra, esos cuartos de baño al final de la casa cruzando un patio y esas “adaptaciones caseras” más cercanas a la grima que a lo correcto. Maravillas de La Mancha profunda. Y el día se pasa con pequeñas grandes historias en poco tiempo, que te muestran estilos de vida tan diferentes que ayudan a abrir los ojos y ver que el mundo, señoras y señores, es otra cosa. Aunque lo de ver no se lleva muy bien, porque cada vez que pasas a una casa parece que estás en una sauna porque las gafas de protección se empañan de lo lindo. Por cierto, no les quité el precio de la patilla hasta el quinto día. Llevaré 10 gadgets diferentes para posibles acontecimientos junto a varios ajustes de aparatos por seguridad, eso sí, en una caja muy mona. Ahora da cosica ver los pueblos tan vacíos y tener que ir a gasolineras donde poder hacer una parada en el baño. Ya una se ha acostumbrado a tener siempre en mente las medidas de protección y la cabeza hace un perfecto croquis de cómo hacer las cosas. Reconozco que todo esto ha sido intenso y rozando la locura en alguna ocasión. Con eventos varios sobre acontecimientos inesperados, como el día en el que creía que mi móvil estaba cargando pero no lo estaba. Como siempre, lo mejor, para mí han sido dos cosas. Por un lado la gente que me ha ayudado de una u otra forma. Gracias, sigo teniendo fe en la humanidad (aunque a día de hoy el telediario no lo demuestre). Por otro lado, ahora que practico mucho más el Mindfulness me sorprendo de las películas que se monta mi cabeza dentro de mi propia cabeza con acontecimientos que parecen salir de una peli de Alex de la Iglesia. Por suerte, está bien poner el off y silenciar esas voces, porque, hacerme caso, de lo que piensas a lo que pasa…no sólo hay un mundo, sino que pierdes mucho tiempo de vida en pensar. Demasiado.
Supongo que a partir de ahora mi número de publicaciones caerá en picado porque llevo ya mucho tiempo con la maravillosa experiencia de llevar dos corazones dentro, fantasía en estado puro y es posible que ya no tenga muchas cosas que contar en relación a la Terapia Ocupacional. O quizá sí, porque a saber por dónde me sale esta cabeza que tengo.
Saludos desde ocupacreando.

Y llegó la plaza

Hoy me he acordado de tod@s las personas que habéis estado a mi lado. Los que me animaron a empezar diciéndome cosas que no me creía de mí misma en algún bar, casa, trabajo o andando por la calle. Los que me motivaron a seguir cuando los ánimos se tomaban un respiro entre quinto y quinto. Quién me acompañó antes de cada examen y me llevó de la mano a la puerta gritándome cosas bonitas al pasar. Las que hicieron de contactos virtuales con audios de casi horas comentando cosas de apuntes o exámenes. Las que ayudabáis a recargar mis pilas con planes en los que había que disfrutar al máximo o inventando juegos de fantasía. 

Aunque, en ocasiones, me sentía sola, la confianza externa me envolvía como lo hacía la bata que llevaba todos los días para estudiar los últimos cuatro meses. El no dormir nada antes de una prueba, los madrugones, el quedarme con el depósito casi vacío por no encontrar una gasolinera, los trabajos imprevistos, el quedarme cerca sin conseguir nada y volver a empezar, el comprar libretas de forma compulsiva, el meterme en la página cien mil veces, a ver si sale la siguiente fecha o la nota, el llegar tarde a un nombramiento, mi necesidad imperiosa de ir al baño en situaciones imprevistas, las celebraciones tras el aprobado, el comprar cinco bolis, por si acaso…todo formará parte de mis recuerdos. Pero nada será tan importante como la gran ola de apoyo incondicional que me envolvía gracias a tod@s.
Gracias por creer en mí y ayudarme a que yo creyera y no dejara de hacerlo.

#oposicionesjccm #terapiaocupacional

2020

¿Soy la única que está rodeada de gente que este 2020 está haciendo cambios metamórficos?
Mi número favorito, el de mi cumpleaños, repetido dos veces, se esperaba tan redondo en enero…
Como siempre, nada de lo que pasa por mi cabeza, pasa en la realidad.
Empecé el año con los deberes a medias porque arrastraba una oposición que no acabó hasta marzo. ¿Os suena este mes, verdad? Menos mal que mi motivación hedonista tiró de mí y me hizo comerme el mundo en doce días, porque luego vino lo que vino…
Llegó estar en casa, llegó la inspiración como una ruleta de ocupaciones que se decidían cada día. Llegó el aprobado. Llegaron los balcones. Los vecinos. El vino. Llegó zoom y las reuniones virtuales. Llegaron los disfraces, los cuentos y los brindis a través de pantallas. Llegaron las nuevas formas de hacer las cosas, junto a noticias horribles que nos rompían nuestra coraza de seguridad. Llegó el no saber. Llegó el sentirnos indefensos. La fragilidad.
Llegó el momento en el que tuve que enfrentarme a trabajar en un hospital. ¿Otra maleta? Pero, ¡si no quería trabajar!, pero ¿cómo no voy a irme con todo lo que hay? ¿Y qué me pongo para protegerme? ¿Irme en tren? ¿Dónde me quedo? Todas estas preguntas se contestaron de una, dando lugar a una gran experiencia. Y, entonces, llamada. Otro número largo. Me vuelvo al hospi. A casa. Tan cerca, pero tan lejos, porque todo siempre es temporal. Me despedí con otro reto. Algo desconocido y temido. Con él, llegó la sorpresa de sentirme realizada y de aprender mucho en poco tiempo. Llegó cerrar aquella puerta con nostalgia. Llegó despedirme, pero esta vez de verdad. Llegó el volvernos a ver. Llegó el cierre de mi bar de los jueves. Llegó descansar porque me lo merezco. Llegó la esperada isla de aguas cristalinas. Llegó dejar de lado mi profesión unos meses y ser feliz haciéndolo. Llegó meditar, leer, hacer yoga y pasear. Llegó mirar hacia dentro. Llegó la paz. Llegó cambiar las terrazas por hacer recados. Y, más cambios, no solo por fuera, también por dentro. Llegó sentir cosas que nunca he sentido. Llegó conectar. Llegó el amor hacia lo que no ves pero sientes. Llegó la calma. El sueño. Llegaron cuatro gatos huérfanos a casa de mis padres. Llegó una mudanza. Llegó el poder ver un árbol desde mi ventana. Llegó la no inspiración. Llegó escuchar a mis sobris por la ventana para salir a la calle. Llegó la impaciencia en la espera de los destinos. Llegaron los imprevistos para arrasar con los planes. Llegó la aceptación. Llegó mi cumple, en una versión diferente, pero no menos emocionante gracias a vosotr@s. Os quiero. Llegó el deseado viaje del nombramiento como funcionaria el mismo día que la loteria. Llegó la ilusión por lo nuevo. Y llegó la navidad.
No habrá preuvas en Madrid. Ni fiesta de noche. Ni reuniones en casas. Pero, por suerte, estamos tod@s.
2020, el año del cambio y de la transformación, no imaginaba que podrías quitarme y darme tantas cosas a la vez para volver a hacer un equilibrio perfecto.

Está claro que no te vamos a olvidar. 

Parar

Llevo tiempo sin escribir. Le digo a mucha gente que me estoy dedicando a la vida contemplativa. Contemplo paredes, el olor y la textura de los libros, las hojas del otoño en el suelo del parque, el ruido de los vecinos cuando suben la escalera, mi cuerpo respirando tumbado en la esterilla, el sol rozando mi cara, una obra de arte, el potente sabor de un chocolate caliente de vez en cuando y la cara de mi gata cuando duerme plácidamente en el mismo sitio del sofá.
Hoy mi amiga y yo comentábamos cómo en esta sociedad no se valora a quién no produce y está mal visto tomarse un tiempo para una misma. Ambas sabemos que no es así porque la vida es más que eso.
Yo me pregunto si la gente se ha parado a escuchar el silencio alguna vez sin sentirse culpable. Porque esconde cosas de nosotros mismos que no sabíamos. Y enfrentarse a ello, no es tarea fácil. La introspección, la mayoría de las veces, no tiene las mejores vistas del viaje. Quizá por eso miramos tanto hacia fuera.
Creo que parar nos ayuda a conocernos mejor en este mundo de prisas y de desconexión. Nos ayuda a aceptar, a observar qué pasa dentro y nos puede acercar a nuestros intereses reales.
Buscar un lugar donde apagar el interruptor del mundo externo puede ser difícil para muchas personas.
Por desgracia, este mundo que hemos construido involuntariamente no deja muchos huecos para una observación presente.
Pero siendo conscientes de ello, podemos crear espacios para conectar con uno mismo.
Porque, en esta vida, no hemos venido a correr, como nos quieren hacer creer.
Hemos venido a ser.
Así que, dejemos de vivir cada día de puntillas, pensando “un día más” y empecemos a disfrutar de lo esencial y a ser conscientes de que, en realidad, cada día es un día menos.

La gente somos tod@s

En todos estos meses pandémicos de “nueva normalidad” o, más bien, “nuevo caos” me parece interesante reflexionar sobre quién es “la gente”.
“Es que “la gente” pasa de todo esto” “Es que “la gente” no cumple las medidas” “”La gente” no es consciente de lo que está pasando”
Bueno pues vengo a decir una cosa, como cuando los padres hablan de los reyes magos, la gente soy yo y la gente eres tú.
Es lógico que el llamado sesgo optimista nos haga pensar que lo malo es más probable que le pase a los de alrededor que a uno mismo.
Es posible también que pensemos que nuestros familiares cercanos no van a estar contagiados porque son personas que conocemos.
Es probable que el ver que hay gente que no cumple las medidas nos haga sentir que nosotros si las cumplimos.
¿Somos conscientes de que algunas de estas creencias nos pueden estar engañando y haciéndonos bajar la guardia?
La pandemia ha cambiado rutinas muy establecidas y ha creado nuevos hábitos en muy poco tiempo, tanto a nivel individual, como a nivel social. Estaréis de acuerdo conmigo en que está siendo difícil para todos y todas. Pero es lo que hay, y hay que aceptarlo.
Me parece curioso escuchar las variopintas opiniones sobre la situación. Pero, una de las cosas que más me sorprende es escuchar a gente criticando a gente sin observar un cambio real en sus rutinas.
Y entonces me planteo estas preguntas para poder entender algo:
¿Hasta dónde cambio yo mi vida como persona individual por la sociedad y hasta dónde cambia el otro?
¿Juzgo mis conductas como las conductas del otro?
El cambio de rutinas con la limitación de la vida social es algo que estamos experimentando muchos.
Pero ¿qué cantidad de vida social y ocio inadecuado puedo sacrificar como persona en este momento de mi vida por los demás?
Cada uno tendrá una respuesta. Y así es como cada uno, según sus características personales (edad, momento vital, valores, creencias…) actuará en consecuencia.
Desde mi opinión, pienso que cada uno debe modificar en su vida lo que le haga sentir que está haciendo algún tipo de cambio, esfuerzo o sacrificio por lo que está pasando. Pero un cambio real. No sirve de nada hablar de “la gente” y seguir haciendo cada fin de semana los mismos viajes y los mismos planes que hacías.
Quizá cada uno debería plantearse que si el día de mañana un familiar enferma, no haya sido por algo prescindible. No quiero pensar en cómo se sienten esas personas que lo han vivido de cerca.
¿Qué es prescindible y qué no ahora mismo? Las actividades básicas, el descanso, la educación, el trabajo, el juego, el ocio y la participación social son imprescindibles para que el ser humano tenga un desarrollo ocupacional significativo.
Pero debemos plantearnos que, en este momento, las actividades sociales y de ocio ligadas a posibles contactos sin mascarilla y sin distancia de seguridad deberían ser prescindibles por nuestra salud. O aprender a hacerlas de forma más adecuada.
Volviendo al caso de antes, alguien ha pensado cómo sería su reacción si el día de mañana contagia a su abuela o a su padre. Es triste pensar en culpa ¿verdad? Pero ¿podrías no hacerlo si esto ocurriera?
Da miedo, ¿no crees? No es justo que el miedo te pare.
O quizá en este momento sí. Por el bien de todos y todas.
Desde la parte ocupacional pienso que la respuesta sobre si has cambiado algo o no está en el número de veces que hagas las cosas y el número que antes lo hacías. Es decir la frecuencia de tus conductas ocupacionales. ¿Han disminuido o siguen igual?
Puedes seguir pensando que es “la gente la que no lo hace bien” pero te vuelvo a recordar que tú eres la gente. Así que piensa la parte que te toca en todo esto.
Supongo, que si el día de mañana pasara algo en una familia, la culpabilidad será menor si realmente has modificado tu vida y tus rutinas.
En caso contrario, es posible que ya sea tarde para darte cuenta de que esa “gente” a la que criticabas con ahínco todos estos meses no estaba tan lejos de ti como creías.
Podremos con esto. Pero no sin un esfuerzo real por parte de todos y todas. Un esfuerzo alejado del egoísmo que debe partir del amor, de la compasión, del respeto a lo ajeno y a lo que no tiene nada que ver con nosotros.
Un esfuerzo con conciencia social, por el bien común, por el otro y por el grupo del que todos formamos parte.
Sólo así ganaremos la batalla. Y quizá aprendamos que somos mucho más en conjunto que lo que somos de forma individual.
Una terapeuta ocupacional en pandemia.
Texto: ocupaCreando.

Poderosa

Aunque todos vivimos con incertidumbre, hay días en los que esa sombra desaparece de nuestro lado y nos engaña, haciéndonos sentir poderosos en el mundo.
Como si fuéramos creadores de nuestro camino sin dejar ningún ápice al azar.
Me acostumbré a vivir con incertidumbre desde que tomé la decisión de dejar mi trabajo fijo e irme a la aventura.
Puede que antes.
Desde aquel momento mis brazos se fundieron con ella y crearon lo que soy ahora.
He conocido la incertidumbre con varias caras. Algunas preferiría no haberlas visto. Aunque pienso que esas han sido las más importantes en mi vida.
Tambien, gracias a mí trabajo, he caminado junto a la incertidumbre ajena. Esos: “no sabemos que va a pasar” y los “ya veremos”.
Aprender a vivir con ella es difícil, pero he tenido grandes expertos que me han enseñado que es posible.
La incertidumbre agota. Pero es parte de la vida y hay que aceptarla. Todo cambia, todo se mueve. Todo se coloca.