Pautas posturales y rehabilitación en COVID-19

En estos enlaces os dejo información interesante en relación al COVID-19, compartiendo algunos documentos y guías del Servicio de Rehabilitación. Gracias a Susana por sus dibujos y la información. 

Espero que os resulte útil. 

Pautas posturales COVID-19

Rehabilitación en hospitalización COVID-19

Rehabilitación tras el alta COVID-19

Si tenéis algún problema en visualizarlos no dudéis en escribirme. 

Los abrazos perdidos, mi pelo largo y la gente que pierde.

 

Mi abuela solía llevar en un monedero pequeños trozos de papel de estraza cortados a mano por la mujer que estaba en la tienda de al lado de casa, para dárselos a mi tía y a mi madre. Ese papel estaba destinado a escribir la cantidad de dinero que se iba debiendo por comprar el pan a lo largo de la semana. Recuerdo notas de diferentes tamaños, decoradas con sumas de números a boli, un fondo grisáceo y aquél tacto áspero.

He calculado que 684 es el número de abrazos que tengo que recuperar.  He pensado en el papel de estraza (en realidad he llamado a mi madre para que me dijera cómo se llamaba el papel) y en lo bueno que sería empezar a hacer este tipo de notas de papel a la gente para escribirles los abrazos que me deben o los abrazos que les debo. Porque no quiero perderlos.

Hablando de cosas que se pierden, he perdido la noción sobre el largo de mi pelo y es que llevo ya un tiempo que no salgo del recogido de estar por casa, incluso cuando no estoy en casa y estoy trabajando.
Pero esto son cosas banales.
Como que ahora he descubierto que se puede bostezar en el trabajo. Se ha perdido el disimulo del bostezo. Algo bueno tenía que tener la mascarilla doble. Nadie le está dando importancia a esto, pero si fijas los ojos y consigues que los párpados no se muevan, serás capaz de bostezar si ese día te has pegado un buen madrugón.
Como el que hoy me he pegado yo.
Hablando de más pérdidas…lo que sí es importante, es que haya gente que pierda cosas por desconocimiento. Y esto es muy triste, pero me lo he encontrado. Hablo de personas que por una patología grave o una intervención quirúrgica pasan de serlo “todo” a que los demás les digan: “no se entera mucho” o “no puede hacer nada”. Y esto es grave.
Es grave porque si no dan con un profesional es posible que esta situación se mantenga y vaya a peor. Y empiecen las pérdidas de verdad.
Que, muchas veces, se inician sólo con las palabras de las personas que forman el entorno más cercano y se acaban convirtiendo en una realidad, como en una profecía. Y desde la cuna de la sobreprotección y la ayuda de algunos, crece la pérdida de la autonomía de otros. Y bailar en un vals con ellos no es nada fácil, pero me pregunto qué pasaría si estas familias no tuvieran el asesoramiento adecuado. Me pregunto también si habrá personas en el mundo que no lo tienen o que no pueden acceder a ese asesoramiento.
Pero bueno, para no ponerme muy intensa, que hoy es lunes, os confieso que también me pregunto por qué me traigo en cada viaje mi maleta llena y empiezo a tener el armario como si me fuera a quedar a vivir aquí varios meses. Por no hablar de la cantidad de cremas y geles de diferentes olores que tengo en el baño para que no me cueste ducharme después de cada mañana de trabajo.
Y es que, a falta de mimos, una debe estar lo mejor posible donde esté.

 

Cómo no morir en una oposición de Terapia Ocupacional. Parte 1.

Dicen que opositar es como subir una escalera con los ojos tapados porque nunca sabes en qué escalón te encuentras. Así que puede que te quede mucho por hacer o puede que estés más cerca de lo que crees. Por experiencia te digo que una oposición puede sorprenderte y convertirse, de repente, en una oportunidad

A continuación expongo un listado de temas importantes para no morir en una oposición, basados, como siempre en mi experiencia personal: 

1- Para aprobar una oposición hay que estudiar, pero no todo el mundo necesita el mismo tiempo. 

Si tienes una mente privilegiada o los conceptos muy recientes es posible que suene la flauta y apruebes una oposición tipo test. Puede pasar pero sólo sucede en una minoría de casos.

Por lo general, para aprobar, hay que estudiar. Y mucho. Hablamos de una media de seis o siete libros (eso lo dejo para otro post).

Pero es importante que sepas que no todo el mundo necesita el mismo tiempo para prepararse. Por lo general, hay personas que estudian más de un año, otras un año y otras seis o siete meses. 

El proceso de opositar es un proceso largo, así que debes conocer tus fortalezas y limitaciones.

En mi caso, por ejemplo, soy más de aprovechar los últimos meses al máximo, en lugar de estar un año entero a un ritmo medio-alto de trabajo porque me desgasta. Piensa que hay que llegar viva al examen. 

2- Modificar rutinas y programar tu estudio. 

Esto te suena, ¿verdad? 

Lo primero de todo ponte un horario. Piensa en el tiempo que tienes. ¿Trabajas? ¿Tienes hijos? ¿Estás en paro? Cada persona es un mundo.

Se realista con tu tiempo. Un poco cada día, puede convertirse en mucho. Lo importante es la constancia. 

Las personas que trabajan pueden estudiar unas cuatro o cinco horas al día más o menos. Si estás en paro puedes sacar de ocho a nueve horas. 

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Terapeuta ocupacional y astronauta

Dice el revisor del Ave que ahora los billetes de tren de los sanitarios se pagan con los billetes del Monopoly. Dice que yo soy muy joven para saberlo, pero que hace años, no existían ni billetes en ese juego. Le he dicho que no se crea que soy tan joven y que a mi lo de los juegos no me va mucho, pero que lleva toda la razón, que yo, esas cosas, por suerte, no las he vivido. Así que me ha contado que hace años no tenían ni una triste pelota para jugar y que eras afortunado si contabas con algún amigo que tuviera una.
Cada vez que llego a un trabajo nuevo la gente piensa que soy más joven. Y eso que ahora sólo se me ven los ojos y más que una persona parezco un astronauta. Eso sí, un astronauta con gorros bonitos, gracias a mi madre que me cosió unos cuantos. Casi todo el mundo coincide en que ahora mismo la moda importa bien poco en los pasillos de un hospital, así que casi nadie trae bolsos normales y la ropa de cada día ha pasado a ser la más cómoda y práctica del armario, aunque como yo he llegado más tarde, reconozco que he cambiado el bolso por un saco, pero sigo vistiendo igual que siempre.
Lo que también he cambiado ha sido mi rutina. Como buena extremista he pasado de estar acompañada de una persona y mi gata a conocer, de repente, a unas treinta personas.
Y no exagero. Entre personas del trabajo, personas a las que trato y personas con las que convivo en la residencia de estudiantes llego de sobra.
Y pensareis que qué hago yo en una residencia de estudiantes. Pues aquí es donde han ubicado al personal sanitario para que todo sea más llevadero.
Y lo han conseguido. Porque, en situaciones que se escapan de nuestro control, creo que es mejor estar acompañada que estar sola.
Quien no me acompaña ya es mi pintalabios, que a pesar de mi fidelidad, tuvo que desaparecer el día que me dí cuenta que parecía el Joker en el hospital cuando me quité la mascarilla para volver a casa. Entre las marcas del disfraz de mi cara y mis labios parecía un Picasso. Así que lo he guardado hasta que pasemos a la fase de: “Ya puede usted pintarse los labios” que me da a mí que va a tardar en llegar.
No creáis que sólo estos temas rondan mi mente estos días, que aquí, si una quiere, puede hacerse un buen cribado de pensamientos y un engrandecimiento de alma importante. Pero claro, eso ya es lo que uno quiera. El otro día un señor que ha pasado el Covid y ha sufrido un ictus, me dijo en terapia que esto no iba a poder con él. Mientras mis ojos se llenaban de admiración y mi cabeza asentía enviando el feedback más grande del mundo, él me contaba que había superado dos veces el cáncer. Así, como si nada.
Y, rodeada de personas nuevas, descubro cómo hay gente que vivió sin un balón y otras que no se rinden por nada del mundo. Y con ellas, mi interior crece un poquito más, acompañando en volumen a mi cuerpo.
Y es que hay que ver que bien me cuidan aquí.

Otro día os cuento más cosas.
#terapiaocupacional #entiemposdecoronavirus

 

Terapia Ocupacional durante la pandemia

He tenido muchas dudas sobre cómo llevar a cabo nuestra intervención en estos momentos.
Desde mi propia experiencia, a continuación os expongo una serie de medidas que se están tomando y estoy tomando para las personas que estén interesadas en el regreso a la práctica de la terapia ocupacional.
Todo lo que explico a continuación parte, como siempre, de mi humilde opinión, creada a partir de la lectura de documentos oficiales y lo que he visto en el lugar de trabajo desde mi reciente incorporación para una sustitución en el servicio de rehabilitación de un hospital. Es importante decir que las personas que asisten a terapia no tienen covid pero, en alguna ocasión, lo han pasado.
Me gustaría que si alguien tiene sugerencias nuevas e interesantes escribiera en el hilo de este post porque
juntos somos más fuertes.

MEDIDAS GENERALES EN LA SALA DE TERAPIA:
– En la entrada a la sala se coloca un empapador con lejía en el suelo y un carrito con gel desinfectante de manos, guantes de varias tallas y pañuelos.
– En la mesa donde se lleva cabo el tratamiento hay otro gel desinfectante que se usará en varias ocasiones.
– Las sesiones son individuales o, como mucho, en pareja de espaldas y con la distancia de separación. Depende de cómo sea la sala de grande.

MEDIDAS PARA LAS PERSONAS QUE ASISTEN A TERAPIA:
– Las personas vienen con mascarilla y guantes.
– El tratamiento de mano con guante no es posible por lo que se le pide que se los quite y vaya a lavarse las manos o use el desinfectante.
– La mano o brazo afectado se desinfecta en varias ocasiones durante la sesión, sobre todo antes y después del uso de material o de la manipulación directa del terapeuta.
– Cada persona tendrá una toalla y sábana, cuando sea necesario, de uso individual que se llevará a lavar al acabar el tratamiento.
– La silla y la mesa serán desinfectadas después del uso de cada persona que asista a terapia.

MEDIDAS PARA EL MATERIAL:
– Utilizo los pañuelos y el desinfectante para limpiar el material de la sala, pero sobre todo pienso que si la mano está totalmente desinfectada y lavada no tiene por qué haber problema, por lo que siempre pido que se echen desinfectante antes y después de usar el material.

MEDIDAS PARA EL TERAPEUTA:

Como podéis ver en la foto para protegerme utilizo:

– Doble mascarilla: en la parte de abajo una mascarilla FFP2 semanal y en la parte de arriba una mascarilla desechable que cambio cada día o cada dos.
– El uniforme de trabajo es el pijama blanco pero para las intervenciones me pongo una bata impermeable blanca o de usar y tirar verde.
– Uso doble guante con un truco que me dijo una amiga que consiste en hacer un agujero en la bata justo donde va el pulgar para que el guante de debajo y la bata no tengan separación en ningún momento. Luego coloco el otro guante encima. De esta forma un guante queda siempre debajo. Si la bata tiene un elástico adecuado no tienes por qué hacer el agujero porque el guante quedará debajo. Los guantes de arriba se desechan tras cada tratamiento usando el protocolo de quitar guantes que supongo que ya conocéis. Después de esto desinfecto mis manos.
– No estoy usando calzas para los pies pero se pueden colocar también.
– Para la cara uso una pantalla que desinfecto varias veces durante el turno.
– Es importante si usas gafas desinfectarlas. En mi caso, que uso lentillas y gafas para distancia de cerca, no uso las gafas cuando llevo la pantalla porque se empañan y me limitan la visión más aún. Hay trucos en internet para remediar esto.
– El gorro hace que la pantalla moleste algo menos en la frente. No estaba usando pero creo que voy a empezar a hacerlo.
– El salvaorejas se nota bastante, por lo que os recomiendo usarlo.
– Si quitarte los guantes es imprescindible (es posible que en alguna ocasión no tengas opción) me lavo y desinfecto las manos. Intento que sea la última opción.
– Al llegar a casa la ducha diaria es obligatoria.
– El cambio de ropa es un poco lío al principio, pero la base está en que hagas lo que hagas o como lo hagas siempre te laves las manos antes y después y, por supuesto, no te toques la cara.

Os deseo una feliz semana y espero que esto pueda servir de ayuda.

Aventuras

Ya he tachado casi todas las cosas que había escrito en mi lista para llevarme en la maleta.
No sé si voy a poder con tantos bolsos…
Hoy quería aprovechar los rayos de sol así que, aunque hacia mucho calor, me he echado crema y he aguantado una horita.
Me he identificado con algunas palabras del libro que estoy leyendo y he recordado algunas historias curiosas de cuando empecé a trabajar en Salud Mental y mi gestión de las ideas delirantes. Qué diferente me veo ahora…
Ayer por la tarde hablé con mis amigas, me dijeron que dónde iba tan arreglada. Yo les contesté que iba a salir por primera vez desde hace muchos días y la ocasión lo merecía.
La hora de los aplausos coincidió con la videollamada, así que aproveché para presentarles virtualmente a mis vecinos porque cada día les cuento una historia diferente.
Como el día que mi vecina me tiró una bolsa de rosquillas y se cayó al patio interior y, al día siguiente, a mi vecino se le ocurrió pescarla con una patata, un gancho y un hilo kilométrico. Cuando lo hizo, nos pusimos a aplaudir de la emoción. Me sigo preguntando cómo pudo hacerlo. Yo pienso que de estas cosas no me voy a olvidar.
Me despedí de mis amigas y mis vecinos muy rápido y nos fuimos a la calle.
Había gente, no como un día normal, pero había. Era raro porque sólo se escuchaban las voces de personas pero no se oía el ruido de fondo de la ciudad. No sé que ruido es, pero suena diferente.
Aunque iba un poco agobiada con la cara tapada, conforme andaba mi cuerpo se sentía mejor. Y mira que he intentando hacer algo de yoga estos días para mantenerme activa… Pero no es lo mismo. En absoluto.
A la cabeza me vinieron las personas que están mucho tiempo sin salir y por fin pude entender cómo se sienten. Fíjate que ni lo había pensado.
Me resultó raro también no poder ir a tomar algo después de andar. Y me acordé que el jueves, que es mi día favorito de la semana, hicimos una cata virtual que estuvo muy bien.
Se me hizo raro también cruzarme con gente conocida y no pararme a saludar. Con lo besucona que soy yo. Tendremos que acostumbrarnos a estas cosas…
Esta mañana después de tomar el sol le he escrito a mis hermanos para preguntar a qué hora llegaba el regalo de mamá. Estaba empezando a pensar que no llegaba porque se estaba haciendo tarde. Íbamos a decirle algo a mi padre pero nos hemos reído pensando que seguro que se le escapaba la sorpresa. Al final ha llegado y como no se lo esperaba se ha emocionado muchísimo, así que, el día de la madre más raro de la historia se le habrá quedado grabado en su cabeza para siempre. Sin esta situación, seguro que no hubiéramos hecho nada especial. Ella nos ha hecho un vídeo muy bonito para darnos las gracias.
Mi semana se presenta movidita… ya os iré contando. Se acabó el estar en casa, me voy de aventura.
Llevo ya unas cuantas y pensaba que con la noticia de mi plaza iba a acabar de tenerlas. Pues se ve que aún no.
Como siempre mi cabeza, que es muy creativa, se inventa mil escenarios futuros posibles.
Así que, como la conozco, me río un poco de ella pensando que nada de esto pasa luego en realidad.
Quiero pensar que de esta saldremos siendo mejores personas. Pero, a veces, veo cosas tan feas de la sociedad que me hace dudarlo.
Supongo que, como en todo, cada uno puede elegir qué camino coger.

Yo ya he elegido el mío.

Feliz semana mundo.
Un abrazo virtual.

Día del libro

“Devuélvales su vida, la que la enfermedad les robó. Devuélvales la dignidad para que sean otra vez personas, para que recuerden cómo se llaman, a quién quieren y quién las quiere. Eso no puede ser otra cosa que hacer el bien, y hacer el bien nunca es pecado, ¿verdad?”

Feliz día del libro

Extracto sacado del libro: La madre de Frankenstein de Almudena Grandes.
Fotografía de mi hermana.

Echo de menos

 

Hoy ha llegado la pandemia a mis sueños porque he soñado con una tienda en la que las personas llevaban mascarillas. Parece que esto se alarga. Llevo muchos días sin salir de casa. Por suerte tengo un balcón enano donde poder sentir el sol. Para mi gata todo esto está siendo un regalo, ahora no está sola nunca.

Esta noche cenamos gambas. A lo grande. Hay que darse un capricho, que nos lo estamos ganando.

Ayer salimos al balcón a aplaudir, pero nos sacamos un vino y brindamos con los vecinos del patio interior. La chica que estaba enferma ya se ha recuperado. Nos vinimos arriba contando historias. Supongo que el vino tendría algo que ver.

Hoy tengo videoaperitivo con mi familia. Cuánto los echo de menos. Por suerte hablamos muchísimo. Me las he tenido que ingeniar para que mis sobrinas sepan que sigo aquí. Las adoro. Dice mi hermana que se va emocionar el día que vuelvan a abrazar a sus tíos y abuelos. Es imaginármelo y se me encoge el corazón. Mi padre parece que está en una maratón de leer libros. Cada día me dice uno diferente, pero le cambio de tema rápido porque, si no, me cuenta el final. Estamos todos bien, menos mal.

Todo esto es muy raro. Creo que sigo en negación, o es posible que este empezando a aceptar las cosas, no lo sé la verdad. Me estoy mentalizando de que hay cosas que no van a ser como antes hasta que pase un tiempo. Con lo poco que me gusta a mi la improvisación, mi vida siempre ha navegado en el mar de la incertidumbre. Qué paradoja.

Echo de menos echarme laca en la cara y comerme un bocadillo de panceta. Mis amigas entenderán lo que quiero decir con esto. Hemos tenido un palo duro en el grupo. Creo que ese día fue un antes y un después para todas.

También echo de menos mis jueves en el bar del barrio arreglando el mundo. El otro día mi hermano se puso el fondo del bar en una videollamada y me tiré un minuto entero riendo. Después se puso otro fondo de Cracovia y me puse casi a llorar. Y es que he suspendido seis viajes. Ya ves tú. Sí que quería hacer cosas este año. Se puede decir que he pasado de una oposición a una cuarentena. Así que yo ya venía de un pequeño encierro. Menos mal que mereció la pena. Y menos mal que supe compaginar y que no dejé mi vida de lado totalmente.

Intento ver las noticias justas. Lo de la infodemia es más real de lo que parece. ¿No creéis que los grupos de whatsapp están empezando a dar un poco de miedo?, ¿o es mi sensación? Ahora miro el móvil lo justo.

Todo está parado, así que me está tocando quedarme en casa. Estoy aprovechando para cocinar, leer, dibujar, meditar, yoga y, bueno, lo que me apetece cada día la verdad. Cuando se va el sol vemos series. Nos ha dado por la ciencia ficción…qué cosas. Bueno, y por hacer videos y reirnos un rato cuando los vemos.

He empezado a escribir un libro de relatos de terapia ocupacional. Creo que es un buen momento. Me he dado cuenta de que tengo muchas cosas que contar y quiero que se queden en algún sitio para siempre. Dice mi madre que es precioso y que tiene mucho sentimiento. Pero qué va a decir mi madre…

No se qué sentido tiene todo esto. Creo que se nos ha quedado un poco grande. Al contrario de como se van a quedar los pantalones cuando salgamos de aquí.

Me acuerdo mucho de mis excompañeras del hospital y de otras compañeras y amigas y pienso cómo lo estarán llevando. Porque hablo con ellas y me cuentan un poco. Pero ¿cómo lo estarán llevando de verdad? Tiene que ser duro.

Confieso que sigo pintándome los labios cada mañana. Bueno, y un poco los ojos… No sé que sentido tiene…si no salgo. Aunque, bueno, hoy tengo evento otra vez, que a las ocho, volvemos a brindar en el balcón.

Hoy paso de cocinar que es sábado y estamos liados todos los días en la cocina. Hoy voy a comerme un bocadillo de panceta.

Por los viejos tiempos.

Va por mi gente.

OS QUIERO

Fotografía de mi hermana desde su balcón.
Modelo: mi indescriptible sobrina.

EL VALOR DE LA OCUPACIÓN EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

 

Soy terapeuta ocupacional y llevo días pensando que este virus ha creado un nuevo escenario social donde las ocupaciones nos han ayudado a adaptarnos a una situación desconocida.
Explorar aficiones nuevas o pasadas, dedicar más tiempo a actividades como la cocina o el autocuidado personal, recuperar el uso del móvil para llamar a las personas que queremos sin mirar el reloj, o jugar más tiempo con los más pequeños, son algunas de las cosas que hemos ido modificando en nuestras rutinas estos días.
En nuestra vida diaria usamos las ocupaciones significativas para construirnos como personas. Este proceso nos ayuda a definir nuestra identidad y comprender mejor el mundo que nos rodea.
Nos encontramos en un nuevo “ahora”. Un presente digno de un libro de ciencia ficción. La comprensión del mundo en este momento es totalmente diferente a lo que habíamos conocido.
Y, como todos hemos ido comprobando en estos días, nuestras ocupaciones o actividades de la vida diaria se han ido modificando y adaptando a esta novedosa situación para ayudarnos a lidiar con el impacto sobre nuestra salud y bienestar.
El invisible valor de la ocupación en la humanidad es más visible que nunca.

¿Es posible que estemos conectando con nuestra esencia?
¿Es posible que ahora seamos más “nosotros mismos”?

Gracias a Silvia por debatir de estas cosas durante el confinamiento.