Piel

Cada trozo de nuestra PIEL está relacionado con millones de momentos. La piel nos hace sentir y, aunque somos nosotros los que almacenamos recuerdos, una gran parte de ellos, son experimentados por ella.

Cuando alguien en terapia me describe cómo “NO SIENTE” mientras compruebo su sensibilidad presionándole con un lápiz en su mano, me suelo imaginar lo que me pasa cuando mi mano se queda dormida y deja de sentir unos segundos. He escuchado explicaciones dignas de publicar sobre el “no sentir” acompañando sesiones de reeducación sensorial.

Una profesora nos recomendó un libro hace años. Se llamaba “PERDER LA PIEL” y hablaba sobre la experiencia en primera persona de Marta Allué tras sufrir quemaduras en la mayor parte de su cuerpo. Presté el libro, así que no puedo compartir literalmente lo que decía, pero recuerdo perfectamente que terapia estaba en un sótano (sería el típico cuartillo) y que ella desconocía lo que era. Se quedó sorprendida de la cantidad de cosas que pudieron enseñarle. Hablaba con mucho cariño de la T.O. y su relato fue inspirador para aquellos estudiantes primerizos que aún no entendiamos muy bien el sentido real de nuestra profesión.

Estas experiencias siempre me han dado mucho respeto (o quizá miedo…). Recuerdo estar trabajando y que me derivaran por primera vez a una persona con quemaduras. Como allí trabajabamos en grupo, mi mayor TEMOR era que alguien le sacara el tema, ya que YO consideraba que todo estaba muy reciente y podría afectarle.
Para mi sorpresa conforme pasaban los dias y la gente iba preguntado era capaz de hablar con total normalidad de lo que había pasado.
Aquello me hizo reflexionar sobre cómo pueden afectar nuestros propios miedos e ideas en lo que esperamos que sientan los demás.

Porque intentar separarnos de lo que llevamos por dentro es imposible. Estoy pensando que quizá esa sea la función simbólica más importante de nuestra piel, asegurar que seguimos ahí.

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La historia del niño que intercambió el bueno y el malo de su terapeuta ocupacional

Nos unimos a la divulgación de este trozo del capítulo #amaresparasiempre donde aparece una Terapeuta Ocupacional.

Hay diferentes opiniones sobre la intervención que hace el T.O., pero todos estamos de acuerdo en que oir la palabra “terapeuta ocupacional” tan alta y clara en la televisión suena como cuando le pides a alguien tu canción favorita y la pone en ese momento. Maravilloso. Gracias #amaresparasiempre

Hace algunos años, conocí a un niño que me enseñó cosas muy importantes. Teniamos muchos personajes fantásticos en la sala para poder trabajar juntos:

-La señora sonrisas: un bote de lápices con una sonrisa de goma eva.
-El señor espejo: un espejo enorme.
-El pequeño Tomás: un muñeco que se vestia y desvestía.
-La cucharita: una cuchara para hacer carreras llenando recipientes de arroz.

En esa época recuerdo haber utilizado la palabra: “mano buena” y “mano mala” de forma natural en mis sesiones.

Pero en aquel momento pensé que si le decía al niño que su mano más afectada se llamaba “mala” y que la menos afectada se llamaba “buena”…podría hacerle creer que sería así para siempre.

Os aseguro que él mostraba rechazo por esa mano…Así que me dije: hazlo al revés.
Y eso hice: intercambié los nombres. Y pude ver como aquella “mano buena” (que en realidad era la más afectada) empezó a sentirse de otra forma.

El efecto de las palabras en la mente de las personas es muy poderoso.

Desconozco si aquello que hice estaba bien o mal, pero en ese caso me funcionó.

A partir de ahí empecé a tener más cuidado con lo que decía.

A día de hoy, si tuviera que tratar con otro niño, no creo que hiciera lo mismo. Quizá hablaría más de superpoderes que de una mano buena o mala. Pero como sabéis que soy imperfecta y me gusta mojarme, aquí tenéis una historia real. La historia del niño que intercambió el bueno y el malo de su terapeuta ocupacional.

Aquí os dejo el enlace de COPTOEX con el fragmento del vídeo:

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=767122616813948&id=115504251975791

 

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Yo los llamo valientes

A lo largo de tu vida los irás conociendo. Se esconden con disfraces de distintas formas, a diferentes alturas y con colores que aún no se han inventado.

Abre bien los ojos porque, en ocasiones, pasan desapercibidos.

Si los encuentras, no dudes en empaparte de su sabiduría. Con ell@s aprenderás aquello que no está escrito en los libros.

Si consigues llegar a ell@s, algo en tí cambiará para siempre.

Yo los llamo valientes.

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Mójate

27067632_775908925947555_5822844163689053009_nSoy muy fan de la gente que se moja. En esta vida todos deberiamos tener un poco de esa miga de pan con la que rebañas el plato después de terminarte la comida.

Llegar a un trabajo nuevo y arrasar, conocer a personas sin quererlo y sacarles el mayor partido, exprimir los casos que tengas a tu alcance para aprender lo máximo, estudiar horas y horas aunque las opciones de conseguir algo sean mínimas…

Para dejar huella hay q mojarse. Pero no es fácil hacerlo.

Tengo una amiga que dice que cada persona tiene una mochila invisible de cosas en su espalda que va llenando conforme pasa la vida. Y lleva razón. Vamos acumulando cargas a lo largo del tiempo que nos hacen ser cada vez más temerosos, desconfiados, egoistas y dejados. Nos convertimos en expertos en hacer perfiles de personas sólo por un par de frases. Somos justicieros de nuestra propia idiosincrasia y la defendemos como si fuera la verdad absoluta. Solemos colocar un escudo detrás de una falsa sonrisa sin ofrecer una mayor implicación.

Por eso me encanta la gente que se moja. Porque, en este mundo lleno de mochilas cargadas, hacerlo es de valientes.

Una de las cosas más importantes que he aprendido estos años de terapeuta es pasar por los trabajos sin pisar de puntillas.

Y es que, por suerte, hubo un día en el que entendí que aunque fuera muy poco el tiempo que iba a estar en un lugar de trabajo y lo pasara realmente mal al enfrentarme a cosas nuevas, tenía que sacarle el máximo partido.

Haciendo referencia a nuestro querido Kielhofner os animo a explorar. Porque todos sabemos que sin exploración, tanto en la vida como en el trabajo, no hay cambio. Ni competencia. Ni logro.

¿Y qué sería de esta vida si no entendemos que hay que pisar fuerte?

Sé valiente. Con quien sea y dónde sea, pero quítate ese escudo y mójate.