¿Cerradas o abiertas?

Si puedes elegir, ¿qué prefieres?
Recuerdo que no me gustaba dejar las puertas abiertas porque pensaba que alguien podría despertarme de un susto si me quedaba durmiendo.

Reconozco también que me encantaba el silencio y cerrar la puerta alejaba el ruido de mí.

Con los años mi idea sobre las puertas ha ido cambiando.

Todos sabemos que en algunos trabajos no tenemos opciones de dejar la puerta abierta o cerrada por el funcionamiento del centro o por las personas que tratamos.

Pero si pudieras elegir, ¿qué harías?

A mí las puertas cerradas y los despachos cerrados me invitan a no entrar. Por supuesto dejar la puerta abierta tiene consecuencias y es que todo el que pase se para, saluda, mira, pregunta…

Hay días que intento cerrar la puerta porque me digo a mi misma: Venga, actúa más formal y cierra la puerta. Pero lo hago y me da sensación de agobio. Sé que, a veces, hay que hacerlo porque lo que se habla es privado y no hay elección. Pero cuando tengo elección (la mayoría de las veces) mis puertas están abiertas. Para mí es una manera de inundar el centro de terapia.

OcupaCreando

AuthorOcupaCreando

Terapeuta Ocupacional con formación específica en Psicomotricidad. Inicio de estudios de Grado de Psicología (sin acabar). Desde el año 2004 mi vida ha sido un cúmulo de diferentes trabajos empezando en el sector privado y pasando a la Red de Hospitales y Administración Pública. He trabajado en Neurología, Geriatría, Salud Mental, Rehabilitación Física, Intervención Domiciliaria, Psicomotricidad y Patología Infantil, Coordinación de proyectos y Charlas puntuales en Universidades y Jornadas. Hasta la fecha, he publicado tres artículos en revistas nacionales.

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