Vértigo

 

Todos hemos observado el miedo en los demás o lo hemos sentido en nuestro interior, como un escalón al vacío en el estómago que no te deja mirar lo que hay abajo.

El miedo te avisa de que viene algo sobre lo que no tienes el control que sueles tener y coloca su tienda de campaña para quedarse unos días y observar qué pasa con unas palomitas en la mano.

Alguien me dijo una vez que cambiara la palabra miedo por vértigo. Porque el miedo paraliza, pero el vértigo…eso es otra cosa.

Así que, desde entonces, soy capaz de dar un paso más y asomarme al escalón del vacío mientras me emociono y pienso todo lo que me espera allí abajo…

Y esto, señoras y señores, se llama vértigo.

Feliz domingo.

ocupaCreando

Día del abrazo

 
Fue un chico joven de ojos grandes y vidriosos el que un día me dijo que le diera un abrazo en terapia. Nunca antes me había pasado. Así que me levante y, simplemente, me dejé abrazar.
 
Entre las veinte cosas que él me enseñó sobre la vida durante el tiempo que compartimos en terapia, recuerdo este momento como si fuera ayer porque mi cabeza casi estalla pensando dónde estaban los límites dentro de mi trabajo.
 
Pero este chico sólo me estaba dando una lección, porque él sabía como yo lo que era trabajar con personas con problemas.
 
Y después de este incómodo momento aprendí que abrazar sí ocupa lugar en nuestro trabajo.
 
Y me entrené en el arte de abrazar en los momentos oportunos si lo veía necesario.
 
Gracias a esto, he descubierto tantas puertas a las que llamar en lugares perdidos que considero que ha sido una gran lección que quería compartir.
 
Así que abrazar mucho a vuestros amigos, a vuestra pareja, a vuestra familia, a vuestra mascota…
 
Y, si lo creéis oportuno, abrazar también en terapia.
 
Porque, en ocasiones, abrazando se consigue llegar mucho más lejos que con las palabras.
 
Fdo: ocupacreando

Cambio

Siempre iba corriendo. Esa mañana se dio cuenta de que, por ir tan rápido, la noche anterior había guardado las nuevas lentillas en el estuche donde tenía las viejas. Así que, cuando las abrió, se habían quedado pegadas y, sin más remedio, tuvo que abrir otro par de lentillas nuevas.

Se preguntó cómo no se había dado cuenta. Pensó en cómo somos las personas durante nuestros hábitos y se imaginó como su cerebro automatizado la engañaba cada día, haciéndole pensar que lo tenía todo bajo control para protegerla.

Llegó a su trabajo. Mirar desde aquella silla hacía que todo le pareciera diferente. Ante ella, se abría una ventana a un mundo desconocido lleno de cosas fuera de control.

Cuando él se sentó enfrente no se sintío cómoda, así que separó un poco la silla para hacer la entrevista más informal. Casi todo el mundo sabía que no le gustaba nada estar encerrada en el despacho.

Él le contó de dónde venía, qué había hecho en su vida y cómo todo ahora se había derrumbado.

Ella lo tuvo claro y se dio cuenta de que, dentro de él, había mucho más de lo que se veía. Y su cometido era sacar a la luz estas cosas.

Así que ambos se pusieron a trabajar.

Y se empezaron a ver cambios. Pero él seguía con dificultades. Tenía épocas muy buenas y épocas muy malas. Decía que había cosas que no podian cambiar.

Ella se acordó de aquellas lentillas pegadas y le explicó cómo nuestro cerebro cada día tiende a hacer las mismas cosas que ha hecho siempre por defecto. Una y otra vez creando hábitos que organizan nuestra vida. Ella le dijo que nuestra mente va por el camino más fácil y cómodo y que, a veces, se equivoca. Le comentó que fuera paciente, porque el cambio no llega de golpe cuando los hábitos y rutinas llevan toda la vida repitiéndose.

Él la miraba mientras hablaba. Dudaba de lo que le decía pero ella le había demostrado tantas cosas de él mismo en tan poco tiempo que tenía que creerla.

Y siguió adelante.

#lucha #superación #terapiaocupacional #ocupacreando #saludmental

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Joker

No soy partidaria de relacionar la enfermedad mental con la criminalidad en películas de tanta repercusión mediática. Pero teniendo en cuenta que hablamos del Joker, un personaje de ficción creado para ser un villano, tengo que reconocer y valorar el acercamiento que se hace en la película a la enfermedad mental con una interpretación del actor que no te deja indiferente.72350140_1153998851471892_145073863431028736_o

Guerrera

Mi mami me ha enseñado muchas cosas. Entre todas ellas, su mayor lección ha sido enseñarme a luchar. Ha pasado tiempo desde que la noticia llegó a casa para enseñarnos que hay que disfrutar de la vida todo lo que podamos y que cuando las cosas importantes se tambalean las preocupaciones diarias pasan a ser irrelevantes.
Durante el proceso descubrimos que mamá en otra vida había sido guerrera. El dolor apenas se le notaba para que nosotros no lo notáramos. Todos dudábamos sobre muchas cosas pero las energías se enfocaban hacia la esperanza. Nuestro mundo empezó a convertirse en el mundo amarillo de Albert Espinosa y nos rodeamos del apoyo de personas que sólo sabían hacernos reir para que nos olvidáramos del tema.
Hicimos un gran equipo.
Aunque tengo que decir que eché de menos que alguien me explicara bien cómo debía hacer las cosas para que mamá recuperara toda la movilidad del brazo. O alguien que me dijera cómo tenía que ponerse aquel sujetador. O alguien que me comentara si mamá podía coger o no una sartén con el brazo derecho. Eran problemas cotidianos pero nadie me los explicó.
Mi madre tuvo suerte porque su hija era terapeuta ocupacional así que estos problemas, tras un trago tan fuerte de realidad vital, no supusieron ninguna carga. Pero me da pena pensar que haya personas que no tengan estos consejos cuando se van del hospital porque no haya un terapeuta ocupacional que se los explique.

Hoy cuento una historia real, nuestra historia. Por un lado quiero mandar esperanza a todas las mujeres que estén pasando por esto. Por otro lado quiero revindicar la figura del terapeuta ocupacional en el cáncer de mama. Y por último quería contaros que mi madre es una guerrera.

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Opositar

He leído que opositar es como una escalera pero con la incertidumbre de no saber en qué escalón estás.Y es un poco así.
Todo el proceso está lleno de preguntas que te mantienen inquiet@: ¿cuándo será el examen? ¿he aprobado? ¿cuándo será el siguiente examen? ¿lo he hecho bien? ¿ha salido la lista? ¿han publicado la convocatoria?
Después de mirar la página donde se publican las cosas oficiales cuando haces un examen de oposición unas 23.456 veces al día y ver que no hay publicaciones, desistes y, a la mañana siguiente, vuelta a empezar. Y lo miras las mismas veces que el día anterior.
Aquí ya eres consciente del significado de la palabra paciencia.
Y, entonces, vas a la biblioteca y descubres que hay gente que tiene habilidades especiales con los bolígrafos y te preguntas por qué no van a un concurso como «tiradores de bolígrafos» en vez de a una biblioteca.
Luego están los de las manualidades, que se llevan celo y tijeras para que su mesa se convierta en un expositor de «Art attack» y te hacen ver cómo tu paciencia está en verdadera crisis.
Hay días que te quedas en casa, te haces un moño y, por supuesto, ni te peinas. Te miras al espejo y te preguntas si estás ahí de verdad y te aíslas en una especie de guarida de la que no saldrás NUNCA hasta que esto acabe.
Mientras tanto, por supuesto, pasan las mejores cosas en el mundo… No las escribo, pero vamos, las mejores.
Si a esto se le añade estar trabajando, pues todo se convierte en una fiesta de la no diversión en tu vida.
Tengo que confesar que descubres cosas de ti que no sabías, como cuando llegas a un examen y estás en «Narnia» y no te enteras de lo que te explican ni de lo que la gente te está contando. Yo no se qué pasa en tu cerebro en ese momento pero una desaparece.
Descubres también que tu cuerpo no es un robot al que puedes controlar y te enfadas por ello, pero lo aceptas y tiras hacia delante.
Y entre toda esta maraña de cosas que no puedes controlar lo único que tiene sentido es lo que hay detrás de todo esto.
Y pasan oposiciones y vas superando pruebas que, la mayoría de la veces, te dejan en el mismo lugar. Eso si las superas, porque también te puedes quedar en el camino.
Y te cansas y te dices: «No me presento más a esto».
Pero aparece otra oportunidad y allí estás otra vez, preguntándote qué haces aquí de nuevo.
Pero claro, ¿cómo no estar?
Porque quién te dice a tí que esta vez no ha llegado el final de la escalera.