Echo de menos

 

Hoy ha llegado la pandemia a mis sueños porque he soñado con una tienda en la que las personas llevaban mascarillas. Parece que esto se alarga. Llevo muchos días sin salir de casa. Por suerte tengo un balcón enano donde poder sentir el sol. Para mi gata todo esto está siendo un regalo, ahora no está sola nunca.

Esta noche cenamos gambas. A lo grande. Hay que darse un capricho, que nos lo estamos ganando.

Ayer salimos al balcón a aplaudir, pero nos sacamos un vino y brindamos con los vecinos del patio interior. La chica que estaba enferma ya se ha recuperado. Nos vinimos arriba contando historias. Supongo que el vino tendría algo que ver.

Hoy tengo videoaperitivo con mi familia. Cuánto los echo de menos. Por suerte hablamos muchísimo. Me las he tenido que ingeniar para que mis sobrinas sepan que sigo aquí. Las adoro. Dice mi hermana que se va emocionar el día que vuelvan a abrazar a sus tíos y abuelos. Es imaginármelo y se me encoge el corazón. Mi padre parece que está en una maratón de leer libros. Cada día me dice uno diferente, pero le cambio de tema rápido porque, si no, me cuenta el final. Estamos todos bien, menos mal.

Todo esto es muy raro. Creo que sigo en negación, o es posible que este empezando a aceptar las cosas, no lo sé la verdad. Me estoy mentalizando de que hay cosas que no van a ser como antes hasta que pase un tiempo. Con lo poco que me gusta a mi la improvisación, mi vida siempre ha navegado en el mar de la incertidumbre. Qué paradoja.

Echo de menos echarme laca en la cara y comerme un bocadillo de panceta. Mis amigas entenderán lo que quiero decir con esto. Hemos tenido un palo duro en el grupo. Creo que ese día fue un antes y un después para todas.

También echo de menos mis jueves en el bar del barrio arreglando el mundo. El otro día mi hermano se puso el fondo del bar en una videollamada y me tiré un minuto entero riendo. Después se puso otro fondo de Cracovia y me puse casi a llorar. Y es que he suspendido seis viajes. Ya ves tú. Sí que quería hacer cosas este año. Se puede decir que he pasado de una oposición a una cuarentena. Así que yo ya venía de un pequeño encierro. Menos mal que mereció la pena. Y menos mal que supe compaginar y que no dejé mi vida de lado totalmente.

Intento ver las noticias justas. Lo de la infodemia es más real de lo que parece. ¿No creéis que los grupos de whatsapp están empezando a dar un poco de miedo?, ¿o es mi sensación? Ahora miro el móvil lo justo.

Todo está parado, así que me está tocando quedarme en casa. Estoy aprovechando para cocinar, leer, dibujar, meditar, yoga y, bueno, lo que me apetece cada día la verdad. Cuando se va el sol vemos series. Nos ha dado por la ciencia ficción…qué cosas. Bueno, y por hacer videos y reirnos un rato cuando los vemos.

He empezado a escribir un libro de relatos de terapia ocupacional. Creo que es un buen momento. Me he dado cuenta de que tengo muchas cosas que contar y quiero que se queden en algún sitio para siempre. Dice mi madre que es precioso y que tiene mucho sentimiento. Pero qué va a decir mi madre…

No se qué sentido tiene todo esto. Creo que se nos ha quedado un poco grande. Al contrario de como se van a quedar los pantalones cuando salgamos de aquí.

Me acuerdo mucho de mis excompañeras del hospital y de otras compañeras y amigas y pienso cómo lo estarán llevando. Porque hablo con ellas y me cuentan un poco. Pero ¿cómo lo estarán llevando de verdad? Tiene que ser duro.

Confieso que sigo pintándome los labios cada mañana. Bueno, y un poco los ojos… No sé que sentido tiene…si no salgo. Aunque, bueno, hoy tengo evento otra vez, que a las ocho, volvemos a brindar en el balcón.

Hoy paso de cocinar que es sábado y estamos liados todos los días en la cocina. Hoy voy a comerme un bocadillo de panceta.

Por los viejos tiempos.

Va por mi gente.

OS QUIERO

Fotografía de mi hermana desde su balcón.
Modelo: mi indescriptible sobrina.