Escapar

Construir nuestra propia cárcel es muy fácil. Sólo hay que dejarse llevar por lo que se espera de cada uno de nosotros en la sociedad donde vivimos mezclando grandes dosis de perfeccionismo, con un físico cuidado al extremo, un trabajo admirable y una familia estupenda. Te instalas en un universo de control. De esta forma creas un todo que parece encajar como un puzzle.
Pero la vida no es eso. La vida no es una cárcel.
Y, quizás, sin quererlo, un día te das cuenta de lo difícil que es escapar. Escapar de lo que se te exige, escapar de lo que tú mismo te exiges y bajar el sonido de las voces que te juzgan a diario.
Porque lo difícil en este mundo que hemos creado es ser libre. Pero no el “libre” que pronuncia tu mente al leer ésto, un “libre” de verdad.
Quizá algún día sea posible cruzar los barrotes de la normalidad para escapar y, simplemente, descubrirse uno mismo.

Decisiones y un todo perfecto con partes imperfectas

Reconozco que no es el mejor año para haber elegido una agenda de Mr.Wonderful, aunque lo que se lee en la portada coincide bastante con mi realidad: “Todo lo que añadiré a mi lista de retos cumplidos”. Ya puedo contar más de tres retos este año y sólo llevamos la mitad. Como decimos mis amigas y yo cuando nos juntamos: “miedo”. Solemos usar esta palabra para describir que en las próximas horas pueden pasar cosas de todo tipo, normalmente son cosas geniales, pero en el pack del miedo incluimos algunas trepidantes y locas aventuras que se convierten en grandes historias para el recuerdo. Y así está el mundo este año que no sabemos por dónde nos va a llevar…
Si me sumerjo en la locura de estos meses, os puedo contar que mi relación con los vecinos terminó con una celebración en el patio, cumpliendo con todas las normas de seguridad y que, el día que me llamaron del primer contrato en pandemia, fue una vecina la que me consiguió el número de una persona desconocida (que en dos meses se convirtió en lo contrario) que me dijo: “Aquí vas a estar muy bien”, y yo hice caso a aquella voz y tomé la decisión sin pensarlo mucho y ahora puedo decir que no me equivoqué.
Esta semana he estado pensado en las decisiones como si fueran flechas en diferentes sentidos. Parece ser que no hay decisiones buenas o malas, porque todas son, simplemente, decisiones. Como el día que tuve que decidir entre un plan u otro de fin de semana y alguien me dijo, mientras salíamos a andar, que hay cosas que no se repiten y esas son las que hay que elegir. Y llevaba razón.