Día del libro

“Devuélvales su vida, la que la enfermedad les robó. Devuélvales la dignidad para que sean otra vez personas, para que recuerden cómo se llaman, a quién quieren y quién las quiere. Eso no puede ser otra cosa que hacer el bien, y hacer el bien nunca es pecado, ¿verdad?”

Feliz día del libro

Extracto sacado del libro: La madre de Frankenstein de Almudena Grandes.
Fotografía de mi hermana.

Echo de menos

 

Hoy ha llegado la pandemia a mis sueños porque he soñado con una tienda en la que las personas llevaban mascarillas. Parece que esto se alarga. Llevo muchos días sin salir de casa. Por suerte tengo un balcón enano donde poder sentir el sol. Para mi gata todo esto está siendo un regalo, ahora no está sola nunca.

Esta noche cenamos gambas. A lo grande. Hay que darse un capricho, que nos lo estamos ganando.

Ayer salimos al balcón a aplaudir, pero nos sacamos un vino y brindamos con los vecinos del patio interior. La chica que estaba enferma ya se ha recuperado. Nos vinimos arriba contando historias. Supongo que el vino tendría algo que ver.

Hoy tengo videoaperitivo con mi familia. Cuánto los echo de menos. Por suerte hablamos muchísimo. Me las he tenido que ingeniar para que mis sobrinas sepan que sigo aquí. Las adoro. Dice mi hermana que se va emocionar el día que vuelvan a abrazar a sus tíos y abuelos. Es imaginármelo y se me encoge el corazón. Mi padre parece que está en una maratón de leer libros. Cada día me dice uno diferente, pero le cambio de tema rápido porque, si no, me cuenta el final. Estamos todos bien, menos mal.

Todo esto es muy raro. Creo que sigo en negación, o es posible que este empezando a aceptar las cosas, no lo sé la verdad. Me estoy mentalizando de que hay cosas que no van a ser como antes hasta que pase un tiempo. Con lo poco que me gusta a mi la improvisación, mi vida siempre ha navegado en el mar de la incertidumbre. Qué paradoja.

Echo de menos echarme laca en la cara y comerme un bocadillo de panceta. Mis amigas entenderán lo que quiero decir con esto. Hemos tenido un palo duro en el grupo. Creo que ese día fue un antes y un después para todas.

También echo de menos mis jueves en el bar del barrio arreglando el mundo. El otro día mi hermano se puso el fondo del bar en una videollamada y me tiré un minuto entero riendo. Después se puso otro fondo de Cracovia y me puse casi a llorar. Y es que he suspendido seis viajes. Ya ves tú. Sí que quería hacer cosas este año. Se puede decir que he pasado de una oposición a una cuarentena. Así que yo ya venía de un pequeño encierro. Menos mal que mereció la pena. Y menos mal que supe compaginar y que no dejé mi vida de lado totalmente.

Intento ver las noticias justas. Lo de la infodemia es más real de lo que parece. ¿No creéis que los grupos de whatsapp están empezando a dar un poco de miedo?, ¿o es mi sensación? Ahora miro el móvil lo justo.

Todo está parado, así que me está tocando quedarme en casa. Estoy aprovechando para cocinar, leer, dibujar, meditar, yoga y, bueno, lo que me apetece cada día la verdad. Cuando se va el sol vemos series. Nos ha dado por la ciencia ficción…qué cosas. Bueno, y por hacer videos y reirnos un rato cuando los vemos.

He empezado a escribir un libro de relatos de terapia ocupacional. Creo que es un buen momento. Me he dado cuenta de que tengo muchas cosas que contar y quiero que se queden en algún sitio para siempre. Dice mi madre que es precioso y que tiene mucho sentimiento. Pero qué va a decir mi madre…

No se qué sentido tiene todo esto. Creo que se nos ha quedado un poco grande. Al contrario de como se van a quedar los pantalones cuando salgamos de aquí.

Me acuerdo mucho de mis excompañeras del hospital y de otras compañeras y amigas y pienso cómo lo estarán llevando. Porque hablo con ellas y me cuentan un poco. Pero ¿cómo lo estarán llevando de verdad? Tiene que ser duro.

Confieso que sigo pintándome los labios cada mañana. Bueno, y un poco los ojos… No sé que sentido tiene…si no salgo. Aunque, bueno, hoy tengo evento otra vez, que a las ocho, volvemos a brindar en el balcón.

Hoy paso de cocinar que es sábado y estamos liados todos los días en la cocina. Hoy voy a comerme un bocadillo de panceta.

Por los viejos tiempos.

Va por mi gente.

OS QUIERO

Fotografía de mi hermana desde su balcón.
Modelo: mi indescriptible sobrina.

EL VALOR DE LA OCUPACIÓN EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

 

Soy terapeuta ocupacional y llevo días pensando que este virus ha creado un nuevo escenario social donde las ocupaciones nos han ayudado a adaptarnos a una situación desconocida.
Explorar aficiones nuevas o pasadas, dedicar más tiempo a actividades como la cocina o el autocuidado personal, recuperar el uso del móvil para llamar a las personas que queremos sin mirar el reloj, o jugar más tiempo con los más pequeños, son algunas de las cosas que hemos ido modificando en nuestras rutinas estos días.
En nuestra vida diaria usamos las ocupaciones significativas para construirnos como personas. Este proceso nos ayuda a definir nuestra identidad y comprender mejor el mundo que nos rodea.
Nos encontramos en un nuevo “ahora”. Un presente digno de un libro de ciencia ficción. La comprensión del mundo en este momento es totalmente diferente a lo que habíamos conocido.
Y, como todos hemos ido comprobando en estos días, nuestras ocupaciones o actividades de la vida diaria se han ido modificando y adaptando a esta novedosa situación para ayudarnos a lidiar con el impacto sobre nuestra salud y bienestar.
El invisible valor de la ocupación en la humanidad es más visible que nunca.

¿Es posible que estemos conectando con nuestra esencia?
¿Es posible que ahora seamos más “nosotros mismos”?

Gracias a Silvia por debatir de estas cosas durante el confinamiento.

Cuando todo esto acabe…

Hoy me he puesto a hacer limpieza en mi móvil. Y es que entre fotos de apuntes, memes, gift y vídeos una va juntando tanta basura virtual que se olvida de lo esencial.

Desde que estoy en casa he pensado dónde habrán quedado los “a ver si un día quedamos”, los “luego, cuando haga buen tiempo” o los “nos vemos pronto” de mucha gente. Aunque por lo que leo y escucho, desde el día que tuvimos que quedarnos en casa, todos hemos cambiado estas frases y hemos creado una nueva: “cuando todo esto acabe”.

Si escucháis a alguien decir esta frase os daréis cuenta de que el tono de voz sube y las palabras salen de forma rápida y fluida de la boca. Los ojos se agrandan y se infiere un nuevo estado de energía interior deseoso de volver a tener libertad.
Cada uno de nosotros hemos imaginado ese momento con abrazos interminables a personas que no vemos, con comidas familiares al aire libre mientras el sol nos acaricia la nuca, con fiestas y conciertos sin reloj donde no dejaremos de bailar y saltar, con viajes a cualquier lugar del mundo, con quedadas en una terraza filosofando sobre la vida…

Hoy, revisando mis fotos, he pensado que soy una afortunada porque siempre he dejado un lugar para lo esencial.

Si has llegado hasta aquí leyendo, me gustaría que hicieras una cosa.
1. Entra en tu galería de fotos.
2. Busca recuerdos de los últimos tres meses de tu vida.
3. Hazte esta pregunta: ¿lo que veo me gusta?

Si tu respuesta es SI, enhorabuena, no has necesitado una pandemia para darte cuenta de lo que es importante.
Si tu respuesta es NO, bienvenido al inicio del proyecto de tu posible nueva vida “cuando todo esto acabe”.

Porque de todo esto, algo tendremos que aprender, ¿no os parece?

#entiempodecoronavirus #reflexionesdeunaterapeutaocupacional

 

Día de la poesía en tiempos de coronavirus

Sigo viendo oscuridad,
¿quizá es miedo?¿quizá frustración?
¿Por qué la ventana del mundo
llora odio y rencor?
¿Por qué nadie se desnuda el alma
con su propia pluma
para transmitir al mundo calma
de lo que aún no se cura?
¿Por qué seguir compitiendo en bandos,
si el mundo ha dejado de girar?
Si nadamos en el mismo lago
indefensos ante el azar.
Desde la ventana del mundo
veo anclas, en vez de remos,
veo llamas, en vez de agua
para apagar los fuegos.

Pero hoy, me asomo a mi ventana
y descubro un arco iris de sueños,
con todos los colores unidos
bailando en la dirección del viento,
y me pregunto:
¿por qué ahora, que ya no somos libres,
por qué ahora que todos estamos expuestos,
no convertimos el odio en cenizas
y reinventamos el valor de lo que es nuestro
construyendo un arco iris juntos
para ver mejor el cielo?

Cuando el mundo se paró…

En el momento en el que el mundo se paró de verdad, ella se acercó a aquella mujer sin dudarlo. Pensé lo difícil que tenía que ser estar ahí en aquella circunstancia tan dura.

Le dije que me encantaba el arco iris que había dibujado en su mascarilla. Ella me contestó que no quería que nadie olvidara que debajo de aquella mascarilla seguía existiendo una sonrisa, aunque ahora no se pudiera ver.
En ese instante pensé la lección que nos estaba dando el universo, cubriendo muchas bocas para poder abrir más nuestros ojos y ver el valor de las cosas.
Y así pasó.
Cuando la humanidad abrió los ojos descubrió quiénes eran los verdaderos superhéroes.

Este dibujo va por todas/os mis compañeras/os sanitarios y todas las personas que están ayudando en estos momentos.
Mucho ánimo valientes. Sois y siempre seréis los verdaderos héroes en esta historia.

Juntos llegaremos al otro lado del arco iris.

Cuando el mundo dejó de abrazarse

 

Cuando el mundo dejó de abrazarse empezaron a existir las tiendas de abrazos. Las personas tenían que comprar abrazos porque todos habían olvidado qué se sentía cuando uno separaba sus dos brazos para envolver a otro ser humano y los cerraba más fuerte para sentirlo.

En el mostrador tenías abrazos de todo tipo: abrazo de madre, abrazo de padre, abrazo de sobrina, abrazo de amiga, abrazo de novio… y así hasta completar una larga lista.

Lo único que tenías que hacer era llegar a la tienda y comprar un botecito con un corcho. Cada bote tenía diferentes tamaños, porque todos sabemos que los abrazos no son iguales. Gracias a un grupo de investigación de la universidad descubrieron cómo conseguir abrazos de la misma categoría pero de diferente intensidad. No sé cómo son capaces de inventar esas cosas.

El mecanismo de uso de los botes de abrazos era muy fácil, sólo tenías que llegar a casa y sacar un corcho como si de una botella de vino se tratase y, rápidamente, respirar el olor que traía dentro.
Al hacerlo se producían miles de conexiones que atravesando tu sistema nervioso conseguían que tu cuerpo volviera a sentir lo que era un abrazo.

Los libros de historia no describen qué fue lo que pasó para la extinción de los abrazos. Pero sí cuentan que, antes de que pasara lo que pasó, había gente que no abrazaba porque se sentía incómoda. Incluso cuentan, que algunas personas eran incapaces de abrazar por vergüenza. Otras por miedo. Y lo peor, muchas de ellas, por dejadez y olvido…

Vivo en la era de la extinción de los abrazos y saber que existía gente que pudiendo abrazar, no lo hacía, me hace sentir triste porque, ahora, tengo que ir a una tienda de abrazos para poder sentir lo que son.

Es curioso como las personas valoramos todo lo que tenemos cuando lo perdemos…

Aunque ha pasado tiempo de aquella extinción yo sigo siendo optimista y esperando que algún día la humanidad pueda volver a abrazarse y las tiendas de abrazos cierren para siempre.

Sería maravilloso poder volver a abrazar. Estoy segura de que el día que esto ocurra, la humanidad saldrá a la calle y se abrazará entre sí, sin pensar en si conocen o no a las personas que abrazan en ese momento. A lo loco.
Quizá nos convertiremos en adictos al abrazo, porque éste será entonces nuestro mayor privilegio.

Mientras tanto, yo voy a comprar un par de abrazos para esta semana que luego todo son prisas.

#ocupacreando
#entiemposdecoronavirus #yomequedoencasa #elvalordelosabrazos
#soyterapeutaocupacional