Cuidar

Aprendió a entenderla cuando ya no sabía hablar.
Siempre con una sonrisa para ella.
Aunque por dentro estuviera rota.
De vez en cuando sus lágrimas dejaban ver que le dolía saber que ya no estaba allí.
Pero había inventado un mundo nuevo para que ella pudiera seguir siendo.
Con suavidad.
Con miradas.
Con caricias.
Me contó que sólo reaccionaba cuando ella le decía con un tono un poco más alto: “mamá”.
Y, solo entonces, ella contestaba “¿qué?”
Y, por un momento, parecía  que todo volvía a ser lo que había sido siempre.