Postparto: lo que no te cuentan…

Me he dado cuenta de que la gente suele hablar de su parto, pero no de su postparto y menos de su lactancia.

La verdad que reconstruir los recuerdos de estas primeras semanas sigue siendo imposible.
Ya es oficial, mi memoria ha muerto. Mi mente se ha convertido en una especie de mar gelatinoso donde intento nadar y no puedo.
Mi pequeño sigue estando pegado a mi piel, aunque ahora del otro lado y se ha convertido en un añadido de mi cuerpo en posición riñorera o fetal según le apetezca. A nivel emocional nos hemos fusionado y ahora lo que él siente, lo siento yo. Las tareas se reducen a unas cinco cosas básicas relacionadas con la supervivencia más cercana. Porque eso es lo único importante: sobrevivir. Así que…me he desconectado de mi misma para conectarme con un cordón invisible a un bebé que dicen que ha salido de dentro de mi (¿en serio?)
Os aseguro que nunca (nunca) nadie me ha mirado como me mira él. Pegada a él he descubierto mi olor favorito. También que hay sonidos que duelen.
El postparto no es fácil. Esta etapa no tiene un tiempo claramente definido. Para mí fueron dieciocho días. En ellos tuve que derribar muchos muros mentales que me había estado construyendo ¡sin yo saberlo! e intentar construir otros nuevos. Os advierto que, a pesar de mi estado de felicidad, sigo en proceso de construcción. Y creo que esto ya es así para siempre. Mi mayor, digamos “aprendizaje”, ha sido intentar entender que aunque una quiera, a veces no se puede.
He experimentado con plenitud lo maravilloso que fue mi primer paseo, la primera mirada, la primera sonrisa y podría no acabar nunca con primeras veces.
Podría hablar de un postparto con dolores, hormonas, sueño, desconocimiento…pero eso me daba igual…lo duro fue la lactancia. Esa actividad tan natural e instintiva sobre la que me empollé varios manuales y cursos y estaba convencida de poder porque “si quieres puedes” y
,si no, “es porque no lo has intentado lo suficiente o eres muy cómoda”. Me encantó colocar a mi niño en la postura correcta (hiperestudiada) y ver cómo se cogía a mi pecho…horas y horas. Los días pasaron a ser uno largo donde no había momento de dormir, pero os aseguro que no lo necesitaba. Hasta que la báscula del pediatra empezó de decirme que algo no iba bien. ¿Cómo era posible? No te obsesiones, pensé. Yo sabía que había que hacer, un poco de leche de fórmula pero de forma que no interfiriera con el pecho, así que me lié con registros de tomas y varios aparatos y técnicas que, por supuesto, no tuvieran nada que ver con un biberón (palabra que no quería ni escuchar). Las que habéis pasado por esto ya sabéis: que si dedo-jeringa, que si relactador, sacaleches, pezoneras…y paciencia, porque mi lucha no podía caer.
Entre tanto controles de peso día sí y día no, valoración orofacial del bebe, asesoramiento en casa y online de una chica encantadora que comprobara que todo estaba bien y escuchar muchos audios con experiencias personales de mujeres-amigas en su lactancia.
Descubrimos que había varios factores que no podían modificarse de un día a otro. Otros inmodificables. Y mientras esto sucedía, de forma puntual mis hormonas me llevaban de paseo desde el pico más alto al más bajo en solo un instante, pero siempre con esperanza. Hasta que un día, después de una bomba de esfuerzos y cambios durante un finde, el peso seguía igual. Y la expresión de mi cara se congeló. ¿Cómo podía ser? Así que, no sé por qué, me miré desde fuera como terapeuta y observé que mi crianza se había convertido en sólo alimentar por circunstancias inesperadas que no entraban dentro de mis “maravillosas expectativas”. El fin de una toma era el inicio de otra. Y así otra vez.
Parece que esto no va de manuales. Va de personas y necesidades. Y asi, el biberon apareció en mi vida con un relactador colgado del cuello y una voz que me decía “ya no puedo más”. Lo viví como un drama y un fracaso, cosa que antes de ser mamá me parecería una locura pensar. Me sigo preguntando por qué cuesta tanto aceptar algo así. ¿Qué ha sido lo que ha hecho que mi mente llegara a ese punto?
Pasé a una lactancia mixta, cosa que ha estado genial durante un tiempo, pero a pesar de mi intención de seguir manteniéndola y mi alta motivación para ello, mi bebé empezó a usar el pecho solo para calmarse. Y a estas alturas, ya casi ni eso.
Y se te cae la venda: lo que pensabas y lo que es. La necesidad de aceptación aparece. Y te dices: ¡Pero si yo estaba abierta a todo! Pues parece que no tanto…
Sois muchas las mujeres que me leeis en el blog. Y seguro que muchas seréis o sois mamás. Os cuento esto porque es parte del postparto y de la maternidad real. Porque aunque creas que no tienes expectativas, sí las tienes. Pero, sobre todo porque me preocupa el monstruo que ha aparecido en mí.
Gracias a compartir mi situación, he descubierto una red invisible de mujeres con experiencias que, ni me imaginaba habían vivido, que me han dado mucha fuerza para aceptar mi situación.
Ese tándem de Mujeres-Amigas-Hermanas-Madres dándome consejos y apoyo ha sido pura fantasía.
Por eso os grito desde aquí que deberíamos hablar más de todo para cuidarnos más entre nosotras y no contestar con un simple “bien”.
Sólo de esa forma nos prepararíamos realmente para esta experiencia tan transformadora, maravillosa y difícil.
Cómo aprendizaje personal destaco el respeto a todas las elecciones u opciones de maternidad. La mirada condescendiente y empatica debería ser nuestra bandera para no juzgar la elección de cada mujer porque detrás de ella hay una historia que no sabemos. El postparto es una nube en un cielo azul celeste. No te nublará el día entero pero en algún momento tapará el sol. Y es bueno que lo contemos y que estemos preparadas para esa posible sombra.

Gracias a todas las que habéis estado.

Saludos, como siempre, desde OcupaCrendo.


 

Mi bebé, mi parto y yo

 

Han pasado unos días desde que rompí aguas veinte minutos después de bailar la canción “Freed from desire” (hasta tengo un vídeo del momento).
Así fue como mi hijo y yo nos pegábamos el último baile como quien sabe que se acaba la noche y quiere despedirse a lo grande. No fue como en las pelis que la gente sale corriendo, nos quedamos en casa unas horas y cuando llegué al hospi ya estaba el tema cuatro o cinco centímetros avanzado. Fantasia. Desde ese día mis partes bajas han montado una Rave y creo que no tiene fin.
Y sí, por fuera estoy igual, pero por dentro…hay sitios que ni sabía que existían. Aunque no he tenido tiempo ni de pensarlo. Mi nuevo rol se ha apoderado de mi. Ahora es complicado hasta ducharse, pero tranquilidad que me sigo echando mi antiojeras a diario. Por cierto, me duró todo el parto y eso que llevaba mascarilla.
El tema parir me pareció una experiencia brutal. Me sentí una mujer fuerte dando paso a un ser creado dentro de mi. Sentí cada contraccion y cada empujón como si algo se rompiera dentro. Porque se siente así, como algo que va de-sen-ca-ján-do-se y bajando poco a poco. Fui testigo de cómo mi cuerpo entró en una especie de trance animal y dio paso a posturas, ruidos y fluidos (suena regular, pero es así) que ni en un documental de Félix Rodríguez de la Fuente. A nivel de ergonomía e higiene postural la situación era más bien penosa y, desde fuera, supongo que todo se vería más como la película de “El renacido” que como yo lo viví. Fueron doce horas que para mí no lo parecían donde mi cabeza sólo oia voces de ánimo de vez en cuando y sentía unas manos conocidas que apretaba intensamente confiando en que la fuerza se transmitíría a través de la piel.
Mientras tanto mi cabeza, entrenada en meditaciones, se debatía entre respirar, relajar el cuerpo y no hacer caso de los pensamientos que me decían por qué leches no te has puesto la epidural. El camino andando hasta la sala donde das los últimos empujones tuvo que parecer un desfile en plan “walking dead” donde yo era la estrella invitada sin ser consciente de ello.
Y así nació Leo. Con el apoyo final de una ventosa tras un gemido que dio paso a un único grito y muchos espectadores alrededor que querían ver un parto sin anestesia.
Y tras esto, apareció una calma desconocida para mi…(bombazo de oxitocina, por favor qué maravilla). Mi pareja me decía que todo el dolor ya había acabado, pero ahí fue cuando mi cerebro me dijo adiós y dio paso a uno nuevo porque mi dolor daba igual, yo sólo pensaba en lo que acababa de salir de mi y no paraba de buscarlo hasta que me lo colocaron encima.
Le di la bienvenida al mundo diciéndole unas palabras, mientras los que me gritaban “vamos campeona” derramaban alguna lagrimilla que otra. Alguien me dijo que fue un parto difícil pero bonito y que partos así, le recordaban el valor de su profesión.
Con este subidón hormonal, pasé una noche en vela mirando lo que tenía entre mis brazos sintiéndome la persona más poderosa del mundo. Una auténtica leona. Se puede parir. Todas estamos preparadas para hacerlo.
Y después de toda esta movilización resulta que la cosa no acaba…empieza.
Hola, bienvenida al postparto donde los días se fusionan, tu cabeza se convertirá en tu mayor enemiga y estarás sin dormir nada varios días seguidos.
Por cierto, spoiler, vas a llorar de alegría y felicidad pero también de dudas y de indecisión.
Siento decir que no hay temario para preparar la oposición de maternidad…
Ya me dijeron que parir era lo de menos.
Pero eso lo dejo para otro post donde os contaré mi postparto y lo que considero está siento mi verdadero *parto” la lucha por mantener mi lactancia.

NOTA: puedo poner imágenes reales de esto pero podría herir la sensibilidad de algun@s. Y hacer un dibujo es inviable así que subo la foto de mis pies favoritos.

Matrescencia

Hace meses cambié mi adolestreinta por la matrescencia. Y es que dicen que mi cerebro está cambiando y ya nunca será el mismo. Nuncaaaaaa. He montado una despedida para mi antiguo cerebro y le he prometido que lo exprimiré hasta el final, aunque ya se van notando los efectos cuando de repente mi espacio virtual se ha convertido en un universo de “cookies” relacionadas con la maternidad que intentan captar mi atención con cada click.
-Vamos pincha aquí, mira esto y no te olvides de esto.
Lo gracioso es que lo consiguen, así que me he dejado llevar…que suena demasiado bien, y yo no sé la listas que llevo hechas ya…
Que pena que haya tantas cosas que no podamos hacer ahora porque me hubiera comido el mundo como siempre, pero os digo una cosa. Mejor. Porque a mí no me da tiempo a todo, que si yoga, que si andar, que si come sano, que si masajes en zonas que ni conoces, que si ejercicios para tal y cual, que si cursos por zoom, que si tiempo para ti, que si duerme, que si disfruta, que si lee, que si descansa, que si haz cosas que te gusten sola y en pareja…
Pero, ¿esto qué es?…
Y mientras tú a cargo de dos corazones y con el tiempo contando hacia atrás tic-tac. ¡Ah!, y sin poder planificar mucho porque…tu cuerpo no es el que era y te marca el mismo ritmo impredecible que un reloj con la pila medio gastada.
Por supuesto me ha servido de mucho ser Terapeuta Ocupacional para girarme en la cama por la noche unas diez veces, pero oye, de una forma perfecta. Que no se diga.
También confieso que mi nivel de comprensión respecto a la complejidad de la ducha, vestido y secado de pelo en relación a la fatiga ha llegado a un nivel altísimo.
Ahora convalido el gym con ponerme una medias horribles.
Nunca pensé que estuviera más cómoda sentada en una pelota que en una silla.
Ni que tuviera esta pasión oculta por los juguetes de bebés.
También he descubierto que el suelo es algo que no existe y me he comprado una esponja con mango como una señora.
Canto de vez en cuando a pesar de mi nula capacidad y ,mi barriga, que era un territorio prohibido, se ha convertido en el lugar favorito de mis manos.
Todo esto me da risa, como el día que mi panza apareció de golpe o el día que deje de verme los pies.
Por suerte mi intento de desempeño normalizado ha durado bastante…no me puedo quejar. Y os aseguro que a nivel introspectivo y sensorial la matrescencia me está regalando tanto que me cuesta imaginar dejar de estar así. ¿Llegaré a echar de menos esta barriga? Pues ya pienso que sí. Porque a mí todo esto me ha dejado en un estado zen desconocido que sube o baja pero me mantiene en algo parecido a la ¿paz?.
Cuántos cambios en tan poco tiempo, menudos meses. Y que conste que aún sigo riéndome cuando me miro al espejo…
Y se ve que así es como cambia poco a poco la mente. Aunque a mí lo que me cambió desde el minuto cero fue mi corazón que se ha hecho tan grande que se ha tenido que dividir en dos.

Aquí os dejo de nuevo a Terapeuta Imperfecta con la que os digo que estaré algo ausente durante un tiempo.

Gracias a tod@s por confiar en mí para pedirme consejo, por seguirme y hacer de OcupaCreando algo tan real. Gracias por tantos mensajes y palabras bonitas en estos recién cumplidos cuatro años del blog.

Con mis dos corazones, un saludo, como siempre, desde OcupaCreando.

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